Devuélvete tu sombra

Todos disponemos de un mágico rayo de la muerte dispuesto a fulminar las cosas que más detestamos. Más aun que dispuesto, predispuesto. Se trata de una animosidad especial, un instinto de destrucción que podemos volcar sobre lo más odioso o lo que nos resulta más peculiarmente desagradable. Naturalmente, en estos nuestros tiempos esa animosidad sólo nos visita en espíritu, por así decir, hace guiños a nuestras intenciones y por momentos nos hace imaginar como dulces acciones que por nada del mundo querríamos perpetrar en la realidad -matar a alguien, aplastarlo con la mayor de las sañas, o incluso torturarlo.

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