Metanoia, continuo y cuaternidad

(Capítulo final del ensayo “Espíritu del Cuaternario”

Cualquier consideración científica, del orden que sea, es ya demasiado particular, y en un ensayo como éste es obligado encontrar una perspectiva menos especializada y más general.

Fue probablemente en una reacción contra el idealismo intrínseco al símbolo trinitario que una serie de pensadores de estilo muy variado se volvió en el siglo XX, y especialmente tras la posguerra, hacia los esquemas cuaternarios como símbolos de la totalidad. Quizás fue Jung el primero en percibir la necesidad de este giro, seguido luego por autores tan conocidos como Heidegger con su cuaternidad tierra-cielo-celestes-mortales, o el Schumacher de la magnífica “Guía para perplejos” con su cuádruple campo de conocimiento: yo interno, mundo interno, yo externo, mundo externo, opuestos dos a dos como determinantes de la experiencia, la apariencia, la comunicación y la ciencia.

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