ORINA Y CORONAVIRUS

En las vacaciones del año nuevo chino, creo que fue el 29 de enero, tuve una sensación de náusea tras un paseo que daba al acabar de comer y al volver a casa, como seguramente tenía algo de fiebre, me metí en la cama y decidí que no iba a comer nada ni tomar ninguna medicina hasta que me sintiera bien; sólo me iba a beber mi propia orina. Después de cuatro o cinco horas me levanté perfectamente.

Vivo en Mianyang, provincia de Sichuan, y eran los días en que la declarada epidemia empezó a coger impulso y apenas se hablaba de otra cosa, pero no soy hipocondríaco y el riesgo me parecía mínimo. Lo de ayunar y beberme la orina es algo que hago cada vez que tengo síntomas de gripe o un simple resfriado, y suele detenerlo en menos de un día, a veces sólo 12 horas. John W. Armstrong lo aseguraba en su popular libro «El agua de la vida», y a mí siempre me ha funcionado.

La verdad es que no tengo ni idea si pudo ser el coronavirus o cualquier otra cosa, pero no suelo guardar cama por un resfriado, una gripe o una gastroenteritis. Una gran parte de la gente que tiene el virus permanece asintomática, o con síntomas muy leves que desaparecen por sí solos.

Pero lo que sí es cierto es que dejar de comer y beber la orina es muy eficaz contra la gripe común, por lo que sé mucho más eficaz que cualquier medicamento conocido. ¿Qué medicina te corta totalmente una gripe en 12 o como mucho en 24 horas?

Ya sé que estas cosas parecen puro curanderismo a muchos, pero me da igual. Con una sola persona a la que esto pueda ayudar, ya justifica el que escriba.

Tiene que haber gente para todo, y por supuesto respeto el abnegado trabajo de todo el personal sanitario. Una de las razones para sobredimensionar el alcance de la epidemia es que se quiere evitar que nuestros sistemas de salud queden completamente desbordados. Lo colectivo no funciona como lo individual, pero empieza y termina en lo individual.

La verdad es que de momento este coronavirus es muy similar por sus efectos a los anteriores conocidos de la gripe; puede tener algo más de mortalidad pero no es muy diferente, y así lo admiten investigadores y especialistas.

Mi opinión con respecto a enfermedades víricas y motivadas por microorganismos es la misma que la de Armstrong y otros muchos renombrados naturópatas: el llamado vector de la infección es mucho menos importante que la condición en que se encuentra nuestro medio interno. Virus y bacterias hay en grandes cantidades por todas partes, empezando por nuestro propio organismo. La diferencia principal es qué condiciones los hacen proliferar —los hacen, como solemos decir, virulentos.

Esto también debería tenerse en cuenta para no estar todo el día buscando chivos expiatorios. La misma palabra «infección» es altamente infecciosa.

Armstrong decía que gran parte de nuestros resfriados y gripes se debían al exceso de deshechos acumulados en el cuerpo por nuestra dieta, debidos sobre todo a nuestras altas sobredosis de féculas y proteínas. El dejar de comer y beber la orina invierte súbitamente esta tendencia y ayuda grandemente al cuerpo a eliminar excedentes.

Pero está claro que en medio día o un día sólo podemos eliminar una pequeña parte de los detritos acumulados. ¿Por qué entonces se cortan tan rápidamente los síntomas? En primer lugar, parece que la orina provoca una respuesta inmunológica positiva muy rápida, ayudando decisivamente a nuestras defensas.

En segundo lugar, siempre me ha sorprendido lo rápidamente que se nota el aumento de capacidad respiratoria tras unas cuantas horas de beber la orina sin comer. La sensación que se tiene es que los pulmones se expanden en la caja torácica de manera libre y maravillosa. Sin duda esto tiene que estar relacionado con la mejora inmediata de la eliminación de mucus y desechos en todo el tejido pulmonar y no sólo en los bronquios.

Es totalmente lógico que la limpieza sea mucho más inmediata en el tejido más esponjoso del cuerpo: la densidad de los pulmones es con mucho la más baja en relación con el líquido que circula a través de ellos. Por eso la mejora de la función respiratoria es tan rápida que incluso hace pensar en una causa mecánica. Y efectivamente, se trata de una razón biomecánica elemental.

Atendamos brevemente al cuadro clínico y la evolución provocada por el nuevo coronavirus. Desde que se manifiestan los primeros síntomas, fiebre principalmente, hasta que se producen dificultades respiratorias agudas suele pasar un lapso de tiempo que se acerca de media a los ¡8 días! Desde el punto de vista de la rapidez de la reacción del cuerpo al ayuno de orina, se trata de un tiempo larguísimo, lo que ya debería darnos una gran tranquilidad.

Hay un largo trecho desde los primeros síntomas de disnea hasta la dificultad respiratoria aguda, que puede llegar a provocar el daño al corazón y la parada cardiorespiratoria. En el empeoramiento de los síntomas hay sobre todo dos claves: la respuesta inmunitaria y la capacidad de eliminar los deshechos que rápidamente se acumulan en el tejido pulmonar. En ambos casos el efecto del ayuno con orina es rápido y absolutamente positivo.

Armstrong nota que el ayuno con orina tiene unos efectos sobre la gripe mucho más rápidos que el ayuno normal sólo con agua. Yo también he comprobado la diferencia, que tiene que obedecer a estos dos puntos comentados, la reacción inmunitaria y el aumento de la eliminación.

Sinceramente, y aunque cada cual es muy libre de pensar lo que quiera, considerar sucia la orina es poner las cosas del revés. Se trata de un suero de la sangre filtrado por los riñones, y en unas horas sin comer se hace limpio y trasparente. Dejando a un lado la infección de la orina, en cuyo caso beberla está totalmente contraindicado, lo único que hace poco recomendable nuestra orina es justamente la cantidad de cosas sucias que ingerimos, incluyendo medicamentos, no el suero propiamente dicho de la orina, que es bastante parecido al líquido amniótico.

En 2016 le dieron el premio Nobel de Medicina a Yoshinori Ohsumi por sus estudios de la autofagia y los efectos terapéuticos del ayuno. Esperemos que pronto se analice debidamente la evidencia de que el ayuno con orina fortalece rápidamente nuestra respuesta inmune y facilita de manera espectacular la capacidad de eliminación, especialmente en órganos huecos o esponjosos como los pulmones.

Bibliografía

John W. Armstrong, El agua de la vida. Un tratado de urinoterapia.

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