El multiespecialista, la mecanología y el conocimiento en cuarta persona

Esta es una entrevista concedida recientemente para el blog de ciencia y tecnología de Ivan Stepanyan:

¿Por qué crees que las ciencias atraviesan ahora un momento especialmente crítico?

Las ciencias ya están acostumbradas a tener crisis periódicas en sus modelos desde hace mucho tiempo, pero ahora, como fiel reflejo de lo que ocurre en nuestras sociedades, los problemas acumulados han alcanzado un punto extremo.

Por un lado, el ocaso del mundo unipolar pone en jaque la hegemonía del modelo de ciencia anglosajón, que ha impuesto unas narrativas y unos modos de hacer tan asumidos que ya ni nos damos cuenta. Si realmente pasamos a un mundo multipolar, países con un gran potencial científico como Rusia, China, India, Japón y otros replantearán sus líneas generales de investigación. Sin embargo esto por sí solo no va a suponer un cambio radical de prioridades, porque las grandes instituciones tienen una inercia proporcional a su tamaño y además desde el poder apenas se cuestiona la premisa básica del modelo actual, que es que lo esencial en el conocimiento científico es la predicción.

Lo que está inclinando la balanza es que la fusión de ciencia y poder a nivel institucional ha llegado a tal punto que se ha eliminado el debate en todo lo que importa, que poco tiene que ver con lo que reflejan los grandes medios. La opacidad, el consenso y la desinformación se manufacturan a escala industrial, lo que hace que la gente con más talento, que suele ser la más inconformista, huya de las instituciones y se pregunte qué puede hacer con todos los conocimientos que ha adquirido. Pero nadie quiere hablar de este profundo descontento.

Has hablado del nuevo rol que están llamados a jugar los multiespecialistas en este panorama

Sí. Los multiespecialistas o pluriespecialistas, gente que se ha formado en varias especialidades y no sienten especial lealtad por las reglas de ninguna, son un espécimen nuevo, un agente inédito que introduce nuevas dinámicas en la ecología del conocimiento. No hablamos ya de la investigación multidisciplinar o interdisciplinar, sino de una clase diferente de sujeto que tiene otro tipo de distancia y perspectiva sobre lo que hoy es la tecnociencia. Están tanto en el ápice del descontento como de la capacidad de innovación. No es fácil definir su posición, y muchos de ellos buscan activamente su independencia y se alejan tanto como pueden de la lógica institucional.

Entonces tenemos un panorama de creciente vacío en el liderazgo de las ciencias, porque el presente modelo está muriendo de puro éxito, ha agotado su potencial y las ideas se repiten una y otra vez con vueltas de tuerca bastante predecibles. Y tenemos una nueva especie tecnocientífica que está repensando muchas cosas pero está alejado de los centros de mando y busca su propio lugar en un entorno aparentemente muy competitivo pero férreamente controlado desde arriba, desde unas pocas instituciones cuyos nombres todos conocemos.

Y encima de todo esto, tenemos una organización que nos habla de reiniciar el sistema rumbo a la fusión hombre-máquina y la modificación genética de la humanidad por su propio bien y para proteger su salud. Una organización sin ninguna autoridad legal pero que parece dictarle el guión a la propia ONU, que utiliza sus declaraciones oficiales para secundarla.Parecería que en vez de hablar de ciencia y tecnología nos estamos deslizando hacia la política, pero sólo estamos recordando lo que los medios dominantes repiten sin descanso. Este es el fondo de escenario que permite entender algunas de las cosas inesperadas que pueden ocurrir.

Esto puede sonar a ejercicio de futurología.

La futurología es entretenida, pero todo esto es demasiado actual. Ahora bien, lo que evidencian todas estas declaraciones hechas desde arriba es que no se tiene nada nuevo que ofrecer, todo es más de lo mismo y lo único que cambia cualitativamente son los grados crecientes de control.

Hay un divorcio total entre ciencia y cultura porque poder e inspiración son cosas que no pueden mezclarse, y sólo hay cultura cuando la savia sigue ascendiendo espontáneamente desde abajo, no cuando se ofrece desde arriba hacia los de abajo bajo la forma de productos de consumo.

La Tecnociencia me interesa como aquello que hoy parece definir los límites de nuestro mundo. La técnica no sólo versa sobre las máquinas, originalmente se ocupó más de la producción artística. ¿Por qué ahora se quiere reducir a las máquinas y sus múltiples niveles de organización? Obviamente es una reducción, pero parece una reducción de carácter fatal e irreversible. No tiene porqué serlo; sin embargo, para pasar “al otro lado” sin desintegrarnos, tenemos que crear una apertura dentro de la propia mecánica. Si no lo hacemos nosotros, nadie lo va a hacer en nuestro lugar.

Y en este contexto abordas el tema de la mecanología. ¿Qué giro nuevo está proponiendo dentro de este campo del saber? Hasta donde sé, la mecanología es una rama de la filosofía que no ha alcanzado nunca el carácter de ciencia.

La mecanología surgió a mediados del siglo XX en Francia como un intento de clasificación de las máquinas. Lafitte hizo una tipología de las máquinas según los niveles de función, Ruyer según los niveles de información, y Simondon según los niveles de organización. Sus reflexiones pioneras son muy valiosas y meritorias, pero es llamativo que se haya dejado intacta la premisa fundamental, a saber, los mismos principios de la mecánica, que cristalizaron en Newton.

Hoy deberíamos sentirnos obligados a preguntar: ¿puede existir algo que no sea mecánico? Pues la fuga incontenible de las máquinas, con la inteligencia artificial y todo lo demás, es una articulación apenas consciente de esa pregunta. Y sin embargo haríamos mejor en preguntar: ¿existe realmente algo mecánico? Y, naturalmente, ya que hemos vertido toda nuestra visión del mundo en el molde de la mecánica, la respuesta dependerá de qué entendemos por esa palabra.

La mecánica de Newton se resume en que nada se mueve sin que lo mueva otra cosa. Pero en Alemania, en el siglo XIX, Gauss, Weber y Hertz (por no hablar de las ideas de Leibniz y Mach) intentaron crear una mecánica relacional muy diferente de la newtoniana aunque ampliamente compatible con sus predicciones y con la experiencia. En nuestra época diversos teóricos de los fundamentos como Kulakov, Aristov, Vladimirov, Assis, Mazilu, Noskov, y muchos otros han intentado desarrollar este programa relacional en algunos de sus múltiples aspectos, pero los conceptos newtonianos aún prevalecen.

¿No es hoy sabiduría convencional que la relatividad y la mecánica cuántica han superado la mecánica newtoniana?

Han superado muchos de sus aspectos, pero no prestamos suficiente atención a los que no han cambiado, que siguen siendo los más importantes. Y hay un aspecto fundamental inalterado por cada uno de los tres principios: nos seguimos adhiriendo al principio de inercia, a la idea de que en la Naturaleza hay fuerzas constantes y universales que sólo dependen de la distancia pero no del ambiente ni de la velocidad de los cuerpos, y finalmente, a la simultaneidad en la acción-reacción, que define tanto lo que es un sistema cerrado como la sincronización universal de todas sus partes.

¿Qué sabemos del principio de inercia? Nada, pero sigue siendo la base de la mecánica. El principio de inercia nos pide que creamos en un sistema cerrado que a la vez no está cerrado. Es decir, nos pide que creamos en algo contradictorio, que además genera todo tipo de distinciones escolásticas con los marcos de referencia. Ahora bien, con el principio de equilibrio dinámico, que dice que la suma de todas las fuerzas de cualquier naturaleza actuando sobre cualquier cuerpo es siempre cero en todos los sistemas de referencia, podemos despedirnos de la idea de inercia para siempre, e incluso cabe interpretar que los cuerpos se mueven por su propio impulso sin incurrir en contradicción.

En una mecánica relacional como la de Weber las fuerzas pueden depender del ambiente, o de factores como la velocidad y la aceleración. Esto origina lo que se denomina “potencial retardado”, que en realidad sólo está retardado con respecto al “sincronizador global” implícito en la tercera ley. Sin embargo, se supone que en la mecánica de Weber el tercer principio se cumple automáticamente y por definición, mientras que en las teorías de campos como la de Maxwell este no es el caso y hay que atenerse a la conservación del momento. Esto genera diversas confusiones y malentendidos.

En realidad el potencial retardado nos está hablando del tiempo propio de un sistema, pero siendo el sincronizador global un supersistema —en realidad una instancia metafísica- , eso se vuelve irrelevante.

Propones incluir la fase geométrica dentro de los principios de la mecánica. ¿Cómo es eso posible?

A veces hablamos de un “cuarto principio de la mecánica”, o de “tres principios y medio”, pero en realidad no se trata tanto de añadir principios como de contemplar la apertura o espacio interno que los principios clásicos tienen. La clave de arco de la física moderna sigue siendo el problema de Kepler, tan importante para la macro como para la micro física. Como sabemos la afirmación de que la teoría de Newton provee una explicación para la forma de las elipses es sólo un recurso didáctico, pero la mayoría de los físicos se ha conformado con eso. Hertz se lamentaba de que ahí el tercer principio no se puede verificar y propuso distinguir entre partícula material, como punto de apoyo de una fuerza, del punto material que puede tener un volumen indefinido, pero todavía hoy se siguen confundiendo ambos conceptos.

Para Nikolay Noskov, el potencial retardado de Weber sí permitía explicar satisfactoriamente la elipse, con una velocidad de fase y una onda longitudinal en los cuerpos en movimiento que coincide con la onda de materia de de Broglie y tiene una resonancia. Ahora bien, ¿qué diferencia hay entre un potencial retardado y la fase geométrica generalizada por Berry para la mecánica cuántica? La única diferencia es que en la elipse de un cuerpo en movimiento ya está incluida en la ecuaciones conocidas, mientras que en el desplazamiento “anómalo” de la fase geométrica no. Y, a pesar de lo que suele decirse, sabemos que la fase geométrica ocurre tanto a micro como a macro escala, siendo realmente universal —algo que no puede decirse ni de la mecánica clásica ni de la cuántica.

La fase geométrica se considera un mero apéndice de la mecánica cuántica sólo porque fue reconocida más tarde y porque su contribución a la fase total suele ser claramente menor que la de la fase dinámica; sin embargo, podemos ver que ya existía mucho antes como potencial retardado, y, por otra parte, también hay sistemas, incluyendo los de seres vivos, en que su contribución puede ser mucho mayor que la de la propia fase dinámica, tal como se entiende la dinámica hoy. La misma onda del pulso en la pared arterial sería otra de sus manifestaciones, y por otra parte, hoy se la incluye rutinariamente en robótica y teoría del control; sólo que cada caso se considera aparte.

Desde este punto de vista, ¿la fase geométrica sería clave en la sincronización espontánea entre diferentes sistemas?

Sí, porque si existe sincronización entre los cuerpos, ni puede estar determinada desde arriba de modo absoluto, ni puede pertenecer al dominio de la dinámica, que es el dominio de la interacción. Debido al orden de desarrollo de nuestros conceptos, pensamos que la fase dinámica asignada a las fuerzas es el elemento activo y la fase geométrica el elemento pasivo; Pero lo que es instantáneo no puede ser secundario con respecto a lo que le lleva tiempo operar; lo que es acto puro no puede ser pasivo con relación a aquello a lo que le lleva tiempo actualizarse. La física ha invertido nuestra percepción de muchas cosas, incluida nuestra idea de acto y potencia. Las consecuencias de todo esto llegan hasta hoy.

Parece que todo esto afecta directamente a los fundamentos. ¿Es hoy posible modificar los fundamentos de ciencias tan establecidas como la física, o es obligado mirar hacia delante?

En física tocar los fundamentos ni se contempla, aunque en países como Rusia las cosas son diferentes porque hay otro tipo de inquietudes teóricas. Sin embargo los problemas siguen estando allí donde fueron encontrados por primera vez. Los cambios más profundos sólo pueden venir de los fundamentos mismos, pero hay demasiado construido sobre ellos.

Así que hay que concebir otras estrategias. La física no se va a reconstruir desde abajo, pero lo que está en juego es algo más que un dominio teórico. Lo que verdaderamente está en juego es la relación hombre-naturaleza-máquina; pero esa relación no puede aclararse sin saber qué es no mecánico. La Naturaleza es amecánica, pero desde que la física la estudia a la luz del principio de inercia, y de los otros dos principios coordinados, la Naturaleza deviene una máquina más.

Pero la Naturaleza no es sólo lo que está ahí fuera, está igualmente dentro de nosotros, incluso en nuestros pensamientos. Ha de existir una forma de salir de este atolladero antropológico. Y la mecanología, cuando vuelve a tomar contacto con los fundamentos de la mecánica, cierra un círculo al que yo llamo “Tao de la Tecnociencia”.

¿Cómo definiría ese círculo tecnocientífico?

Poincaré, en su análisis de la mecánica de Hertz, ya vio claramente que los principios en física están basados en la experiencia pero no pueden ser invalidados por ella. Pero en física, como en casi todo, tenemos principios, medios y fines. Los principios son los axiomas que determinan los elementos, el método básico es el cálculo o análisis matemático y los fines son las interpretaciones. Las interpretaciones no son un lujo filosófico para el final del día, porque la interpretación, junto a la descripción y representación, perfilan el ámbito de las aplicaciones técnicas.

Los físicos teóricos se llevan el crédito de la mayoría de las aplicaciones prácticas, sin embargo los experimentales y los ingenieros hacen a menudo grandes avances a pesar de que la teoría dice que no son posibles; sin embargo, luego los estándares teóricos confiscan la explicación de estos avances y tienen la última palabra.

Incluso el cálculo matemático, tal como hoy se concibe, es una modalidad de ingeniería inversa sobre resultados conocidos. Pero hay otra forma de ir de los principios a los fines y otra vez de vuelta, que es abierta y crea otra dinámica. Y la clave es no pensar que la predicción es la justificación última de la física o el cálculo. Cuando mayor sea el equilibrio entre predicción y descripción, más profundizaremos en la realidad.

¿Y cómo puede definirse ese equilibrio entre estos dos elementos? Hay incontables interpretaciones de una ley física, lo que indica que son subjetivas; por eso los físicos las consideran secundarias.

Sí, son indudablemente subjetivas, pero imprescindibles para nuestro uso práctico de las ciencias. Y si esas interpretaciones pueden afectar directamente a los métodos del cálculo, y a los principios mismos, todo cambia.

Muchos investigadores todavía creen que la física debe explicar las causas, los porqués de los fenómenos; otros piensan que el mundo es sólo fenómeno, y que lo que necesitamos es describirlo bien. Por otra parte, los positivistas que sólo piensan en predicciones y desestiman los porqués albergan pocas sobre dudas el carácter causal de muchos de sus conceptos. Pero aun si sólo podemos aspirar a descripciones veraces y más o menos redondeadas, la ilusión de la causalidad a veces sirve para mejorar la descripción misma. Posiblemente, cuanto mayor sea el equilibrio entre predicción y descripción, más tenderá a desaparecer el espejismo de las causas eficientes, de las causas operando en el tiempo. Pero hoy, creer en la realidad física es creer en la realidad de las causas eficientes.

No actuamos según nuestras ideas, sino que nuestras ideas son conformadas por lo que hacemos y queremos hacer. Esto vale para todo, también para la física. En el siglo XVII el mundo se convirtió en un Gran Reloj porque supuestamente era lo mejor que podíamos hacer. ¿Y qué es lo mejor que podríamos hacer hoy? Encontrar qué hay más allá y antes de la Máquina. Pero, obviamente, uno no puede encontrar nunca eso si sólo se preocupa de lo predecible.

La idea de causa eficiente ya es suficientemente problemática en la ciencia actual, pero, ¿debemos contentarnos con meras correlaciones de datos? ¿Hay sitio para algo más?

Sabido es que las causas finales fueron desacreditadas durante la revolución científica y sustituidas por las causas eficientes. Yo por el contrario creo que las causas finales son más importantes y desde luego más ciertas que las eficientes. La fuerza que importa en la física no es la fuerza medible, sino la fuerza controlable. La finalidad es real, pero no primariamente como diseño, no como máquina: eso es precisamente lo que ha creado nuestros demasiado humanos malentendidos.

Podemos retomar la entropía de Clausius, antes de Boltzmann; la entropía ya no es un subproducto de la mecánica, sino una tendencia espontánea hacia un máximo. Claro que se puede reformular la mecánica como ha hecho Pinheiro y sustituir el lagrangiano por un balance entre el cambio mínimo de energía y la producción máxima de entropía. Entonces, la entropía está ya dentro de las propias leyes “fundamentales”; puesto que lo “más ordenado” produce más entropía que lo que es menos ordenado, esto invierte completamente la cuestión y los tópicos vulgares sobre desorden, entropía y finalidad. También debería tener una incidencia profunda en nuestra idea de la información, el equilibrio y la evolución.

Hay algo en el hombre que sólo se puede liberar si liberamos primero lo que está encerrado en nuestra idea de la Naturaleza. Desbloqueando esto liberaremos también nuestra propia naturaleza, que nunca puede reducirse a un objeto. Asumir esta meta será una fuente inagotable de inspiración.

En tus escritos sugieres una relación elemental entre la matemática, la física y la conciencia. ¿Puedes hablarnos algo de ello?

Para la ciencia moderna, la conciencia sería una suerte de última frontera en la que confluyen todas las disciplinas más sofisticadas: el jardín supremo para el multiespecialista. Pero la conciencia no es un objeto, ni siquiera un proceso como dicen ahora.

Cualquiera que observe atentamente sus pensamientos se dará cuenta de que vienen de fuera, de que él no los produce. ¿Pero de fuera de qué? Fuera de la conciencia; poco importa que vengan del cerebro o de la pantalla del ordenador. La conciencia lo sabe porque está vacía y no se mueve. ¿Cómo podría percibir el movimiento si no estuviera quieta? Sin embargo la conciencia es también el continente indiferente donde todo esto tiene lugar.

Desde este punto de vista, la conciencia se nos antoja un absoluto sobre el que nada puede decirse. Pero lo mismo podría afirmarse de un medio primitivo homogéneo con densidad unidad en el que materia y espacio no están separados, y que puede igualmente estar lleno o vacío, tener cero o infinitas dimensiones. Sin embargo, de un medio así se pueden derivar formalmente distintos tipos de equilibrio. El espacio de Hilbert en mecánica cuántica también parte de infinitas dimensiones, sin embargo no incluye la fase geométrica, que es sólo un reflejo de la “geometría del ambiente”, lo que sea que esto signifique. Esta fase añadida puede tener muchas interpretaciones, como transporte paralelo, interferencia, resonancia, transición entre escalas, dimensiones, etcétera, pero supone siempre una apertura con respecto a los sistemas conservativos, cerrados, de la mecánica hamiltoniana. No sólo eso, sino que también podría ser el bucle que cierra el contorno de un sistema cerrado partiendo de un fondo abierto, si el primero depende de una resonancia. El medio primitivo homogéneo siempre es abierto e indeterminado, exactamente igual que la conciencia; pero la fase geométrica representa una conexión peculiar entre la dinámica y lo que está más allá.

Has hablado de un “conocimiento en cuarta persona”. ¿Puedes decirnos algo más sobre este concepto?

Tenemos el conocimiento en primera persona o subjetivo, y tenemos conocimiento en segunda persona por interacción directa con los objetos y el mundo. El conocimiento en tercera persona es la generalización de los dos primeros por medios formales que nos da el sentido de la Ley, de lo regular. ¿Puede existir un conocimiento en cuarta persona? Sí, y en el mismo sentido en que hablamos de “un cuarto principio de la mecánica”; son aspectos de lo mismo.

De hecho las leyes de la mecánica son sólo una aplicación particular de las leyes del pensamiento y la deriva de los símbolos. La cuestión es, qué ocurre si revertimos totalmente esta dirección hacia la primera persona y aún mantenemos las herramientas formales de la matemática y la interacción con objetos físicos. Entonces entraríamos en un terreno completamente desconocido, impensado, que no pertenece a ninguna de las “tres personas” de nuestra economía intelectual.

Pero esto no puede hacerse de cualquier manera, como cuando se dice “vamos a estudiar la conciencia con todos los medios a nuestro alcance, no se nos puede escapar”. En realidad, tenemos que empezar por asumir que se nos va a escapar siempre, que lo que se va a transformar por completo son nuestros medios y prioridades.

¿De qué tipo de transformación hablamos?

De una transformación muy profunda pero muy sutil en la visión de los principios, las interpretaciones, y el cálculo mismo. El análisis moderno es una construcción impresionante, pero se ha preocupado de la justificación de las predicciones, no de la descripción de la geometría física de los problemas. A menudo no ha hecho ni siquiera honor a su nombre, ya que, buscando el rigor para soluciones ya conocidas, ni siquiera ha hecho un análisis correcto de las dimensiones físicas, que no matemáticas, de los problemas. Tenemos también la comentada confusión entre punto material y partícula material, que nos impide avanzar en la descripción de las partículas reales, que son cuerpos con extensión. Esto tiene todo tipo de consecuencias, puesto que nos da el marco indispensable para concebir la individuación no-singular de cuerpos y procesos. Y una serie de equilibrios muy importantes que apenas se consideran en la física y matemática modernas. Y está la proliferación imparable de cantidades altamente heterogéneas en las ecuaciones fundamentales en física, que son otros tantos nudos inextricables que habría que desenredar.

Sin buen análisis no puedes tener buena síntesis; sin abordar directamente estas cuestiones, entre otras, el conocimiento no se puede destilar adecuadamente, porque tiene demasiadas mezclas e impurezas. Si las abordamos sí podemos encontrar otro horizonte de comprensión; y una convergencia que es a la vez formal e informal no sólo entre distintas disciplinas, sino entre diversos enfoques de cada una de ellas.

El conocimiento en cuarta persona ya existe virtualmente en el interior de los otros tres, sólo que no le prestamos atención y es eclipsado por nuestras asunciones y generalizaciones abusivas. Las tres leyes del movimiento de Newton, inspiradas en las anteriores tres leyes de Descartes, parecen un gran logro pero también son un nivelador universal. Traducen, vehiculan en forma de movimiento algo diferente de él —si la física fuera sólo movimiento, sería enteramente trivial. ¿Pero porqué estas tres leyes no son reducibles a un solo principio? Pues el conocimiento en cuarta persona se despliega en la misma medida en que somos capaces de subsumir distintas leyes, así sean sólo tres, en un solo principio. Y en este mismo sentido, las leyes de Newton encierran un potencial desconocido que hay que saber desbloquear.

Mi impresión es que la actual filosofía de la tecnología les deja a los ingenieros y científicos las cuestiones técnicas para centrarse en los aspectos más humanos del uso y el sentido. ¿No es así?

Está claro. Y se supone además que de la tecnociencia sólo podemos cuestionar el futuro pero no los fundamentos. Asumiendo esto, los tecnólogos quedan en una situación de debilidad extrema, limitados a hacer reflexiones y crónicas de un presente que siempre les supera. Por otra parte, en un mundo digitalizado, tendemos a creer que la información ha superado las categorías mecánicas y materiales, cuando no hace más que reproducirlas a otro nivel. Todo esto es muy superficial, pero aún se cree que buscar algo nuevo en los tres principios del movimiento es como pretender que brote agua de una roca. Y sin embargo esta roca tiene agua en abundancia.

No nos damos cuenta del doble sentido que todo esto tiene. Tenemos ciencias predictivas, como la física, y tenemos ciencias descriptivas o narrativas, como la cosmología o la teoría de la evolución, sin la menor capacidad de predicción, pero que intentan colmar el enorme vacío de las ciencias predictivas a la hora de explicar las apariencias y formas que observamos. Entre una y otra no hay un pequeño hueco, sino un abismo infranqueable que sólo la estadística y la probabilidad tratan de salvar. Pero esta división funciona en ambos sentidos. Sin embargo algo “tan simple” como los principios del movimiento son una precondición tanto para la consistencia de la predicción como de la descripción; por no hablar de que contienen de forma resumida las tres dimensiones del discurso.

No hay nada más poderoso que el tácito concepto del “sincronizador global” instaurado por el Tercer Principio. Y sin embargo tiene los pies de barro, es sólo un fantasma metafísico que nos está ocultando la verdadera sincronización entre múltiples agentes, la realimentación natural y la relación amecánica que existe entre lo global y lo local. Pero es que además toda la tecnología entera, incluso antes de la escritura, pertenece al orden terciario. Si admitimos la existencia de otro tipo de relación terciaria en la misma Naturaleza, su repercusión en la cultura humana puede ser incalculable. Claro que eso no puede ocurrir de forma aislada, sino dentro de un contexto mucho más amplio.

Pero muchos sí piensan que las tecnologías de la información han superado definitivamente el mecanicismo. ¿Es realmente mecanicista una máquina de Turing?

Aún se discute sobre eso. A Turing le preguntaron qué era un procedimiento mecánico y él dijo que era aquello que puede ser hecho por una máquina; así que para él su máquina sí era algo claramente mecánico, aunque no en el sentido mecanicista, sino en el funcional de la palabra. Pero la pregunta mucho más básica que deberíamos hacer es, ¿son mecanicistas los principios de la mecánica? Pues los tres principios de la mecánica ya son una máquina simbólica universal. Y la respuesta es no, pues su aplicación no es una cuestión mecánica de reglas fijas, sino algo sumamente delicado que requiere gran discernimiento; de hecho las nuevas teorías siempre han surgido de confeccionar a medida modificaciones en sus muchas posibles vertientes.

No existe lo mecánico sin intención. Pero ocurre que las máquinas son exteriorizaciones exitosas de esa intención, porciones de espíritu congeladas en la materia. En medio del triángulo de la mecánica siempre hay un gran Ojo asignando la articulación de sus momentos; ese es el pequeño secreto que ese interventor, nada divino, preferiría que no viéramos.

Alguien dijo que “el software se comió al mundo y ahora tiene indigestión”; bueno, antes ya se lo había comido la mecánica, pero no nos dimos ni cuenta porque las ciencias predictivas encuentran su expansión y su coartada en las ciencias narrativas que las suplementan y en las que hay barra libre para la especulación. Pero todas esas narrativas también se derivan de la logística de la mecánica, en la que, por así decir, se funden software y hardware.

Para terminar, ¿pueden encontrar estas ideas aplicación en la práctica?

Seguro, pero no me interesan si para empezar no cambiamos la idea misma de “aplicación”. El cálculo diferencial constante, por ejemplo, cambia profundamente la idea de qué es la matemática aplicada, y con ello, de qué es la física misma, la teoría de la medida, el análisis dimensional, la probabilidad, etcétera. Pero aún está enteramente por desarrollar. Al cambiar nuestra idea de la matemática aplicada, también cambia la idea de la realidad física, de la aplicación técnica e incluso de la matemática pura, al modificarse nuestros estándares de descripción de los objetos matemáticos. Es imposible hacer cosas realmente nuevas sin cambiar los fundamentos; todo lo que se construye sobre los fundamentos conocidos, por pura inercia histórica, va ya encauzado en la misma dirección.

Lo prioritario es arrojar nueva luz sobre la mecánica, nuestro concepto de “máquina” y nuestra relación con ella. Podemos buscar diseños concretos muy simples que apenas requieren medios y que son más elocuentes que montones de teorías. No se trata de “falsar” los viejos principios, ya que eso no es posible, sino de crear “máquinas” y “funciones” que ilustren de forma clara y lúcida esta nueva perspectiva amecánica. Una vez que esto se abra paso en nuestra mente, no querremos volver a lo de antes. ¿Por qué? Porque queremos salir de la mecánica, y la mecánica es sólo un lenguaje exitoso que ha creado nuestra mente. Desde un cierto punto de vista, toda la música se reduce a mecánica, pero cuando nos atraviesa y le prestamos atención es algo vivo y muy diferente. Sin duda ha de existir una relación importante entre la fase geométrica y la música que hasta ahora hemos ignorado, del mismo modo que obviamos su presencia en la biomecánica y los seres vivos. El feedback y el biofeedback adquieren un interés del todo distinto si el desplazamiento del potencial define el contorno de un bucle. Igual que ahora se usa la fase geométrica en robótica para el control, podemos usarla para la sintonización, cambiando decisivamente su sentido.

¿A dónde nos lleva todo esto? Que intente imaginarlo el que tenga imaginación. El descontento con la presente orientación de la tecnociencia crece y crece, y los investigadores inconformistas buscan otro sentido y otra salida para sus esfuerzos. Ha llegado el momento de que los multiespecialistas unan sus fuerzas y su espíritu para traer algo nuevo al mundo.

¿Eres tú mismo un multiespecialista?

No, no tengo ningún conocimiento especial; estoy interesado en reorientar diferentes aspectos del conocimiento hacia una cierta perspectiva.

Desde los Principia de Newton el conocimiento en todas las ramas se ha multiplicado por unos cuatro millones; y sin embargo los mismos físicos han malentendido varios pasajes cruciales de ese oscuro libro, precisamente por especializarse demasiado y restringir su sentido mientras a la vez generalizaban su alcance sin medida. Los multiespecialistas tienen la libertad de perspectiva y la competencia técnica para hacer cosas, y un buen número de ellos busca otro sentido y otra meta.

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