La gran trampa china no es la trampa de Tucídides

Como de costumbre, hay mucho humo y espejos en los análisis sobre la rivalidad chino-americana, con guerras comerciales o sin ellas. Ahora mismo la presente guerra comercial es una gran fuente de ruido que sirve para distraer al mundo y a los ciudadanos chinos de otra realidad más inexorable e inquietante. China se está haciendo más dependiente del capital exterior y eso a largo plazo podría acabar con su autonomía económica y política.

El que sí lo nota es William Engdahl, quien sugirió, tras el hundimiento del Baoshang Bank de Mongolia Interior en mayo de este año y la posterior intervención del gobierno, que el sistema bancario chino podría necesitar ayuda del capital extranjero —”China necesita la cooperación de los bancos occidentales para mantener su impresionante economía”1. Se hacía incluso un paralelismo, bastante desproporcionado por cierto, con el caso tristemente famoso de Lehman Brothers que desató la crisis del 2008.

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