Evolución individual de una entidad

La presente síntesis de la teoría de la evolución nunca ha tenido el menor poder predictivo, pero tampoco ha tenido poder descriptivo, por lo que, como la cosmología, se ha usado mayormente como complemento narrativo para leyes físicas sin ningún espesor temporal en el más decisivo de los sentidos.

Para paliar las evidentes limitaciones de una teoría que sólo gracias a la fantasía puede tener algún contacto con las formas naturales —y no desestimemos el poder de la fantasía en un campo como éste-, la evolución se ha combinado con la perspectiva del desarrollo biológico (evo-devo), y aun con la ecología (eco-evo-devo), pero ni aún así se ha podido crear un marco medianamente consistente o unitario para describir problemas como la emergencia, la maduración, el envejecimiento y la muerte de los seres organizados.

No hay necesidad de llamar a todo esto por otro nombre que evolución sin más, dado que la presente teoría sólo se ha apropiado de ese nombre para dedicarse luego a tratar cuestiones especulativas y remotas, en lugar de problemas cercanos y plenamente abordables.

¿Qué es lo que determina el envejecimiento y muerte de los organismos y las sociedades? Esto es un problema real de evolución.

El astrofísico Eric Chaisson ha observado que la densidad de la tasa de energía es una medida mucho más decisiva e inequívoca para la métrica de la complejidad y su evolución que los distintos usos del concepto de entropía, y sus argumentos son muy simples y convincentes [60]. En todo caso sería deseable la inclusión de esta cantidad en un contexto mejor articulado con otros principios físicos.

Georgiev et al. han intentado hacerlo estableciendo un bucle de retroalimentación entre dicho flujo de energía, el principio físico de mínima acción entendido como eficiencia o como movimiento a lo largo de los caminos con menor curvatura o restricción, y un principio cuantitativo de máxima acción; es decir, con la densidad de flujo por masa mediando entre la eficiencia y el tamaño, aplicándolo experimentalmente a CPUs como sistemas de flujo organizado [61]. Cuando estos vértices de flujo-eficiencia-tamaño se conectan en un bucle de realimentación positivo se produce un crecimiento exponencial de los tres y surgen relaciones de leyes de potencias entre ellos. Aunque este modelo admite muchas mejoras y puede ilustrarse de formas muy diferentes, parece que apunta en la buena dirección.

Puesto que el problema básico del envejecimiento es la restricción creciente y la incapacidad de superarla, y ninguna teoría que no aborde esto como asunto fundamental puede hacer mella en el tema. Otra forma de decir lo mismo es que el envejecimiento orgánico es la incapacidad creciente para eliminar. Envejecimiento es irreversibilidad, y la irreversibilidad es una incapacidad para seguir siendo un sistema abierto.

Piénsese un poco en esto. Algo tan básico y elemental en física como el principio de mínima acción es capaz de decirnos algo absolutamente esencial sobre el envejecimiento: para darle su debido valor sólo tenemos que saber aplicar medidas globales adecuándolas a sistemas abiertos con un uso variable de la energía libre disponible.

El avance teórico en este campo es infinitamente más factible que en la “síntesis moderna” e infinitamente más relevante, puesto que aquí de lo que se trata no es ya de especies, sino del destino individual de cualquier organización espontánea, ya sea un vórtice o un solitón, un ser humano o una civilización; en buena medida afecta incluso a la evolución lamarckiana de máquinas y ordenadores con un diseño o finalidad asignada.

La densidad de la tasa de energía es una medida cuantitativamente robusta, profundamente significativa desde una perspectiva cósmica, y también puede tener alcance a la hora de llevar a tierra criterios de entropía poco manejables. Naturalmente, el criterio flujo-curvatura-tamaño puede contrastarse con el criterio flujo-curvatura-entropía, ya sea ésta última máxima o no.

Este triple criterio densidad de flujo-curvatura-tamaño puede aplicarse con fruto a contextos donde el flujo es lo decisivo, ya sea en modelos tan fuertemente cuantitativos como el de los flujos monetarios, como en modelos puramente cualitativos de vórtices como el que propone Venis, evolucionando entre la expansión y la contracción. Puede aplicarse incluso al círculo del destino individual, y hace pensar en un reloj de esa evolución, que en la terminología actual muchos llamarían un reloj del envejecimiento.