La física y la proporción continua

Ya vemos que existen razones puramente matemáticas para que la razón continua aparezca en los diseños de la naturaleza con independencia de la causalidad, ya sea física, química o biológica: de hecho la conveniencia del crecimiento logarítmico es independiente incluso de la forma propiamente dicha, como lo es el hecho elemental de la división discreta y asimétrica de las células.

Visto así, se trataría de una propiedad emergente, de un plano paralelo del acontecer. Por otra parte la idea de planos paralelos con una conexión meramente circunstancial con la realidad física resulta un tanto extraña, y en cualquier caso muy distante de lo que tan bien expresa el diagrama del polo —que ninguna forma ni nada aparente se sustrae a la dinámica.

El hecho es que la conexión entre la física y la proporción continua es muy tenue, por decir algo. Sin embargo tenemos importantes ocurrencias de esta razón incluso en el Sistema Solar, donde es casi imposible ignorar la mecánica celeste. Una mejor comprensión de la presencia de la proporción continua en la naturaleza no debería ignorar el marco que definen las teorías físicas fundamentales, ni lo que estas pueden dejar fuera.

Tenemos tres acercamientos posibles con grados crecientes de riesgo y profundidad:

Se puede estudiar la razón continua en la naturaleza con total independencia de la física subyacente, como una cuestión matemática; esta sería la postura más prudente, pero así hay bien poco que añadir a lo ya conocido —salvo, tal vez, por diversas implicaciones en teoría de la probabilidad y las distribuciones estadísticas. El citado A. Stakhov ha desarrollado una teoría algorítmica de la medida basada en dicha razón que puede usarse para analizar a su vez otras teorías metrológicas de ciclos, fracciones continuas y fractales como por ejemplo el llamado Escalamiento Global.

Se puede estudiar esta razón conforme a alguna de las visiones compatibles con la física conocida o estándar; por ejemplo, como lo ha hecho Richard Merrick, que hace una relectura neopitagórica de los aspectos colectivos armónicos de la mecánica ondulatoria, como las resonancias, y en las que phi sería un factor crítico de amortiguación [7]. Estas ideas son totalmente accesibles al experimento, ya sea en acústica o en óptica, de manera que pueden ser verificados o falsados.

La idea de interferencia armónica de Merrick está al alcance de cualquiera y no carece de profundidad. Se complementa naturalmente con la concepción holográfica promovida por David Bohm y su distinción entre el orden explicado y el orden implicado. Aunque la interpretación de Bohm no es estándar, sí es compatible con los datos experimentales. La teoría de la interferencia armónica también puede combinarse con otras teorías de ciclos y escalas matemáticas como las citadas.

O, finalmente, se pueden considerar teorías clásicas que difieren en alguna medida de las actuales teorías estándar, pero que pueden aportar perspectivas más profundas sobre el tema. Dentro de esta categoría, hay varios grados de cuestionamiento de las principales teorías vigentes: desde una lectura ampliada de la termodinámica, hasta revisiones en profundidad de la mecánica clásica, la mecánica cuántica y el cálculo. Esta tercera opción no es muy especulativa, sino más bien divergente en el espíritu y la interpretación.

Aquí nos centraremos más en el tercer nivel, que puede parecer también el más problemático. Uno puede preguntarse qué necesidad hay de revisar la física mejor establecida para buscarle razones más profundas a una mera constante matemática que no las requiere. Además, los dos primeros niveles ya ofrecen espacio de sobra para la especulación. Pero esto sería una forma muy superficial de plantearlo.

No podemos profundizar en la presencia de la razón continua en un símbolo de la reciprocidad perfecta olvidándonos de la cuestión de si nuestras presentes teorías son el mejor exponente de la continuidad, la homogeneidad o la reciprocidad —y en verdad están muy lejos de serlo.

Oso constante, roca oscilante

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“Lego el movimiento del Oso Constante a los ancianos, a los enfermos y a los débiles. Es un ejercicio maravilloso y tradicional que es a la vez simple y fácil. También puede usarse para la autodefensa hasta una edad avanzada. Todo esto se obtiene fácilmente. Aunque mi explicación es corta y simple, si entiendes sus principios y practicas con perseverancia, después de tan solo cien días de mover tu chi, notarás una marcada mejoría en tu salud y fuerza y ya no tendrás que preocuparte por la enfermedad. Es verdaderamente una “balsa sagrada” para fortalecer nuestros cuerpos y no admite comparación con otros ejercicios más conocidos pero inferiores” 1.

Estas eran las palabras con las que Cheng Man Ching confiaba a la posteridad lo que él consideraba como la más concentrada síntesis posible de los principios del Tai Chi Chuan: el ejercicio del Oso Constante. ¿Eran demasiado altas sus expectativas?

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De Taiping a Hong Kong

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La Rebelión de Taiping fue una terrible guerra civil china entre el poder central del norte y el sur del país que duró desde 1850 hasta 1864 y que en dureza y número de víctimas hace palidecer todos los conflictos experimentados por Europa hasta esa época. Dejando a un lado los masivos desplazamientos de población, las estimaciones más conservadoras hablan de entre 20 y 30 millones de muertos, la mayor parte causada por el hambre y epidemias.

A modo de comparación, el número de bajas de la tantas veces mentada y revisada guerra de Secesión estadounidense (1861-1865) fue de poco más de seiscientas mil.

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La luz y la ciudad

Tiene ya muchos problemas la ciudad moderna como para preocuparse de la calidad y cualidad de su alumbrado. Tráfico, ruidos, contaminación, omnipresente agresión publicitaria, explotación sistemática del hombre por el hombre y de la mujer por la mujer… no pararíamos de contar. A esto se añaden enemigos invisibles como los pulsos de ondas electromagnéticas y microondas que fríen a fuego lento nuestros sistemas nerviosos y cerebros, que ya están lo suficientemente habituados, preparados y precocinados como para someterse al inminente bombardeo de la infausta quinta generación de tontería móvil, que aspira a decuplicar o centuplicar la suma de todas las anteriores.

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Qué día es mejor para romperse la crisma

Los bloggers compiten por ver quién resulta más listo y pertinente, y, por supuesto, anticipa antes las maniobras de un poder cuyo alcance a todos se nos escapa. De esta guisa escribía Charles Hugh Smith hace unos días una entrada en la que recomendaba a los asesores de Trump permitir que reviente la burbuja económica ahora para buscar una recuperación antes de las elecciones, en lugar de aguantar en el presente a toda costa para que estalle el año que viene cuando el plebiscito esté encima y no haya tiempo de “tomar medidas” 1.

Sí, es cierto que en política encontrar el momento oportuno es más de la mitad del éxito. ¿Pero quién nos dice que si la crisis echara a rodar este mismo otoño habría tiempo para que se percibiera algún tipo de recuperación, siquiera anímica, antes del 3 de noviembre del 2020? ¿Y con qué medidas se puede contar para eso? ¿Con subir un poco los tipos del dinero para tener de nuevo algún margen de reducción luego? ¿Con un sorpresivo acuerdo comercial de Estados Unidos con China que deje a todos contentos, tal como el mismo Smith sugiere?

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La gran trampa china no es la trampa de Tucídides

Como de costumbre, hay mucho humo y espejos en los análisis sobre la rivalidad chino-americana, con guerras comerciales o sin ellas. Ahora mismo la presente guerra comercial es una gran fuente de ruido que sirve para distraer al mundo y a los ciudadanos chinos de otra realidad más inexorable e inquietante. China se está haciendo más dependiente del capital exterior y eso a largo plazo podría acabar con su autonomía económica y política.

El que sí lo nota es William Engdahl, quien sugirió, tras el hundimiento del Baoshang Bank de Mongolia Interior en mayo de este año y la posterior intervención del gobierno, que el sistema bancario chino podría necesitar ayuda del capital extranjero —”China necesita la cooperación de los bancos occidentales para mantener su impresionante economía”1. Se hacía incluso un paralelismo, bastante desproporcionado por cierto, con el caso tristemente famoso de Lehman Brothers que desató la crisis del 2008.

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